¿Crecer o justificarse?



Una de las maneras de evitar contacto con lo que nos molesta es la Autojustificación. Empezamos a buscar razones, causa o motivos que expliquen y den sentido a lo que hicimos o dijimos. Por ejemplo: dos amigos que se pelean y que cada uno se dice a sí mismo que tiene razón, y critica la acción del otro. No queremos escuchar los argumentos que duelen y por lo tanto nos encerramos en las razones que nos hacen sentir bien con nosotros mismos. De esa manera evitamos el trabajo de cuestionarnos y revisar nuestra posición intelectual o emocional.

Cuando nos Autojustificamos podemos llegar a fundamentar las más diversas acciones. En la Autojustificación no hay percepción del otro, ni de lo que le estamos causando con nuestra acción. Estamos tan pendientes de mirar nuestro ombligo, que no escuchamos ni vemos lo más obvio. Nos contactamos con la intención que movió nuestra acción y no percibimos el efecto que causamos. Tal vez, nos estén diciendo que no les gustó lo que cocinamos y nosotros insistimos en que lo hicimos “con todo cariño”. No escuchamos el mensaje del otro y le pedimos que entienda nuestra posición y la dedicación que tuvimos al cocinar. “Con todo lo que me esforcé… Es un desagradecido… No valora mi esfuerzo… No cocinaré más”.

La Autojustificación nos impide tomar contacto con nuestra sombra y nos defendemos de ella pues no queremos acercarnos a lo angustiante y desconocido. Nos impide expandir la conciencia que tenemos de nosotros mismos a “lo doloroso y desconocido” y confirmamos la imagen que tenemos de nosotros mismos, la Autojustificación nos impide conocernos y crecer.

El opuesto de la Autojustificación es la Autocrítica o la Autodescalificación que no legitima lo que somos, lo que sentimos o lo que hacemos. Somos perfeccionistas, desconocemos nuestras motivaciones y no valoramos lo propio. Tal vez, pensemos que nuestra comida es muy mala y cambiemos nuestra forma de cocinar para que nuestro comensal nos valorice y aprecie.

En la Descalificación distorsionamos el contacto con nosotros y no sabemos lo que queremos, o pensamos que estamos buscando siempre lo equivocado. Nos sentimos inseguros y dudamos de nosotros mismas sin poder autoafirmarnos. Otra vez nos alejamos del crecimiento y de la posibilidad de conocernos en lo más oscuro y oculto. Esa particular y única energía que encarnamos y que somos nosotros, se desperdicia al no ser reconocido, amado y valorado.

El punto de encuentro de estos extremos es la Aceptación de lo que soy, de lo que hago y de lo que capto del otro.

Cuando acepto lo que soy no dejo de escuchar lo que el otro describe de mí. Y puedo dejarlo entrar. Si me causa dolor, dejo ser ese dolor y observo lo que descubro. Uso el dolor como el comienzo de un proceso de Autodescubrimiento. Por ejemplo: ¿Cómo reacciono cuando no le gusta mi comida? ¿Qué me digo a mí mismo? Le puedo preguntar: ¿Qué tipo de comida te gusta? Tal vez la sepa preparar, o tal vez no te pueda complacer.

En la Autoaceptación me capto y percibo al otro. No me dejo engañar por los juicios propios o ajenos. Me hago cargo de mí y escucho las necesidades del otro. Esto me vincula con el mundo y me saca de mi aislamiento. El otro no deja de existir cuando me dice cosas que me duelen. Escucho lo que me dice, pues tal vez me esté mostrando mi sombra, esa parte de mí que yo no quiero ver pues no me gusta.

Nuestro primer impulso es la Autojustificación o la Autodescalificación, antes que el reconocimiento de nuestra sombra, ese territorio inexplorado de cada uno de nosotros. Jung nos enseñó que nadie alcanza la iluminación fantaseando con la luz, sino trabajando y haciendo conciente la propia oscuridad. Es un aprendizaje difícil quedarnos en contacto con la Autoaceptación, tan difícil como imprescindible en nuestro desarrollo como seres integrados. Posiblemente la Autojustificación sea la principal defensa psicológica que nos impide crecer.

La polaridad se origina en la limitación de nuestra conciencia. No tenemos la posibilidad de percibir la unidad de la realidad en el estado ordinario de conciencia y por lo tanto captamos una parte creando su opuesto complementario. Los dos polos se complementan y se necesitan mutuamente para existir. Si no existiera la oscuridad, no podríamos ver la luz. Sin el frío no captaríamos la presencia del calor.

La integración de la Autojustificación y la Autodesvalorización es la Autoaceptación que me permite verme como soy, con mis talentos y dificultades. La trascendencia de nuestras limitaciones implica que las captemos, las conozcamos y seamos compasivos con nosotros sin autojustificarnos o defendernos. El reconocer nuestros errores es más doloroso cuando no tenemos permiso de ser como somos, nos exigimos la perfección y en vez de buscarla a través del camino largo de la transformación personal, la queremos encontrar a través del camino corto de la negación del error. “No admito errores” es el camino corto.

“Observo mis reacciones y mis equivocaciones” es el camino largo. En la medida que me permito reconocer mis defectos, me acerco a la transformación de los mismos y puedo estar en contacto con el que está enfrente mío y hacer cargo de mis acciones.

Eduardo Carabelli
Tomado de la Revista Uno Mismo, Argentina, Mayo 2009



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