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Sanación Espiritual
Dejar de tomar alcohol y ver en nuestro interior
Por lo general la gente toma para olvidar, y toma tanto que se olvida también de vivir,
de amar y de respetar… olvida respetarse a sí mismo y a los demás; luego sólo vive para
tomar, y ya no tiene ganas de vivir, y ya no se acuerda de la gente a su alrededor.
No está mal tomarse un traguito de vez en cuando, en una ocasión especial, pero debe
hacerse con moderación, con equilibrio… Yo duré 18 años de mi vida tomando, los últimos
13 fueron de varios días a la semana estar bebiendo. Menos mal que lo pude dejar, eso sí
con mucho esfuerzo, y creo firmemente que la única manera de dejar el vicio atrás es
cuando nuestro yo interior por fin toma la decisión de amarnos a nosotros mismos.
Muchos años mis padres, familiares y amigos me decían, me daban consejos, me mostraban
lo mal que estaba, pero nunca les hice caso; hasta que un día algo por fin hace “click”
en nuestro interior, y uno instantáneamente se da cuenta del daño que se está haciendo a
sí mismo y también a la gente que nos quiere.
Qué sucede cuando alguien toma? Hay algo en su ser que no desea confrontar algunas
sensaciones o sentimientos que lo ponen triste, o de malgenio; son vivencias cargadas de
dolor y que a veces no se manifiestan externamente; es decir, las personas se ponen una
máscara que muestran en público donde no se refleja esa emoción dolorosa, pero dentro de
sí hay mucho malestar.
Cuando se consume alcohol el sistema nervioso central, el encargado de los sentidos
físicos y del movimiento, entre muchas otras funciones, se relaja, se distensiona, y
entonces ese sufrimiento que se tiene se aliviana un poco, al principio la persona
descansa un poco de la emoción dolorosa; pero al seguir tomando más nuestras máscaras
desaparecen, y entonces la persona sin el centro de control cerebral activo, saca a
relucir todas las emociones almacenadas; y no es agradable ver tanto dolor, ira y
sufrimiento almacenados en la gente.
Los verdaderos sentimientos internos afloran y por eso algunas personas embriagadas
lloran, otras que parecen calmadas en su vida diaria se convierten con los tragos en
seres violentos dispuestos a golpear a todos; las que normalmente son charladoras y
amenas, se muestran esquivas y melancólicas; en fin, con demasiado alcohol en la cabeza
sale nuestro ser interior que sufre.
Cuándo podemos dejar de ser alcohólicos y reintegrarnos adecuadamente a la sociedad?
Creo que sólo sucede cuando entendemos por fin que hay una fuerza superior que necesita
de nuestra compañía, de nuestro apoyo, esa fuerza es el Amor. Cuando por fin comprendemos
que para poder amar a los demás debemos empezar a amarnos a nosotros mismos, ahí estamos
dándole la primera batalla al traguito, luego de eso ya lo podremos vencer.
Muchas personas encuentran en las iglesias ese poder de Dios, que es el Amor; es algo de
lo bueno que tiene la misión pastoral en las comunidades religiosas de nuestros países,
que dan una ayuda a quien tiene problemas de adicción para encontrar a Dios en su corazón,
y cuando por fin escuchamos su mensaje de amor y autoestima dentro de nuestro interior,
en ese momento empezamos el cambio.
También hay personas que sin ir a las iglesias, sin estar en contacto con la religión
directamente, encuentran en sí mismos esa chispa de Amor de Dios, y generan el cambio
por sí mismos, entienden la autoestima como ese amarse a sí mismo para luego poder Amar
y Servir a nuestros semejantes.
Al encontrar a Dios en nuestros corazones por fin ese dolor almacenado desde varios años
atrás, esos rencores o sentimientos de ira se empiezan a desvanecer; la energía negativa
almacenada en nuestras mentes y cuerpos se esfuma cuando se logra superar con amor propio
el sufrimiento y baja estima que a veces se tienen; esta descarga permite por fin que
podamos utilizar nuestra fuerza interior en cosas productivas por los demás.
Con este esfuerzo podemos empezar a vencer cada uno de nuestros problemas adicionales
internos que tengamos, y poco a poco nuestras enfermedades crónicas, no sólo el alcoholismo,
empezarán a desaparecer; los problemas nerviosos y las recepciones de nuestros sentidos
físicos comenzarán a mejorar, hasta que finalmente notaremos una sensación de bienestar
corporal a causa de nuestro cambio.
Así que finalmente hay situaciones en nuestra vida cotidiana que mejorarán con el sólo
hecho de saber que somos una partícula de nuestro Padre, y que por ende somos amor y
estamos en esta vida para dar nuestro amor al prójimo como a nosotros mismos. El superarnos
aún más depende de cada uno de nosotros, dejando atrás nuestro ego, nuestra necesidad de
satisfacernos sólo a nosotros, sabiendo que lo que realmente importa es ayudar a todos a
nuestro alrededor.
John González
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