La Verdad



      LA VERDAD DIVINA

“Todo conocimiento finito y entendimiento creatural son relativos. La información de valor, incluso si se recoge de fuentes superiores, sólo es relativamente completa, localmente exacta y personalmente válida.

Los hechos físicos son claramente uniformes, pero la verdad es un factor vivo y adaptable en la filosofía del universo. Las personalidades en evolución, en sus actos comunicativos, sólo son parcialmente acertadas y relativamente verdaderas. Únicamente pueden tener certeza dentro de los límites de su experiencia personal. Lo que al parecer puede ser completamente verdadero en un lugar, puede ser tan sólo relativamente verdadero en otro segmento de la creación.

La verdad divina, la verdad final, es uniforme y universal, pero el relato de las cosas espirituales, tal como lo narran numerosos seres procedentes de diversas esferas, puede que a veces varíe en sus detalles debido a la propia relatividad del conocimiento total y de la plena experiencia personal, así como de la amplitud y alcance de dicha experiencia.” (…)

“La falsa ciencia del materialismo condenaría al hombre mortal a convertirse en un paria del universo. Un conocimiento parcial así es malo en potencia; es un conocimiento compuesto de bien y mal. La verdad es bella porque es plena y simétrica. Cuando el hombre busca la verdad, persigue lo divinamente real.

Los filósofos cometen su más grave error cuando se dejan inducir por la falacia de la abstracción, la práctica de enfocar la atención sobre un aspecto de la realidad para luego afirmar que dicho aspecto aislado es la verdad total. Un filósofo juicioso siempre buscará el diseño creativo preexistente que se halla tras todos los fenómenos del universo. El pensamiento creador precede invariablemente a la acción creadora.” (…)

“La felicidad resulta del reconocimiento de la verdad porque ésta puede ser actuada; puede ser vivida. La decepción y el pesar se producen por el error porque, no siendo una realidad, no se puede hacer realidad en la experiencia. La verdad divina se conoce mejor por su sabor espiritual. Se está en eterna búsqueda de un todo unificado, de una coherencia divina.”

Tomado del Libro de Urantia



      VERDAD Y CONOCIMIENTO

“La verdad no se puede definir en palabras, sino tan sólo viviéndola. La verdad es siempre más que conocimiento. El conocimiento pertenece a las cosas observadas, pero la verdad trasciende esos niveles puramente materiales porque se asocia con la sabiduría y abarca tales imponderables como la experiencia humana, incluso las realidades espirituales y vivientes. El conocimiento se origina en la ciencia; la sabiduría, en la filosofía auténtica; la verdad, en la experiencia religiosa de la vida espiritual. El conocimiento tiene que ver con los hechos; la sabiduría, con las relaciones; la verdad, con los valores de la realidad.

El hombre tiende a cristalizar la ciencia, a formular la filosofía, y a dogmatizar la verdad porque tiene pereza mental para adaptarse a la lucha progresiva del vivir, a la vez que también teme terriblemente lo desconocido. El hombre natural es lento para iniciar cambios en sus hábitos de pensamiento y en su técnica de vivir.

La verdad revelada, la verdad descubierta personalmente, es el deleite supremo del alma humana; es la creación conjunta de la mente material y del espíritu residente” (…)

“Nunca hay conflicto entre el verdadero conocimiento y la verdad. Puede haber conflictos entre el conocimiento y las creencias humanas, creencias coloreadas por el prejuicio, distorsionadas por el temor, y dominadas por el miedo de enfrentarse con nuevos hechos, producidos por el descubrimiento material o el progreso espiritual.

Pero la verdad no puede convertirse nunca en una posesión del hombre sin el ejercicio de la fe. Esto es cierto porque los pensamientos, la sabiduría, la ética, y los ideales del hombre no se elevarán nunca más allá de su fe, de su esperanza sublime. Y toda esta fe verdadera está predicada en la reflexión profunda, la autocrítica sincera, y una conciencia moral intransigente.”

Enseñanza del Maestro Jesús, tomada del Libro de Urantia



      LA VERDAD INTERIOR

La verdad no se encuentra adoptando ciertas creencias o condicionamientos sociales. Es la voz silenciosa del corazón que responde a lo que es con claridad desapegada, no afectada por el sentimentalismo; una voz que siempre está disponible, pero que, a menudo, es ignorada. Se experimenta como un saber intuitivo que ve el trasfondo de los problemas, los bloqueos y las barreras urdidos por la actitud de obsesionarse por lograr y conseguir. No necesita apoyo o aprobación. Cuando somos lo suficientemente humildes para respetar la integridad de la voz interna y prestar atención a su guía, el efecto es transformador.

La voz interna es la voz de nuestra propia consciencia que es serena y extensa, y nunca distorsiona. Se basa en el reconocimiento de que el amor es nuestra realidad esencial, y que negar el amor es la fuente de toda ilusión, dolor y sufrimiento. Es la llama fresca de la conciencia que preserva eternamente nuestro derecho básico: la experiencia de la paz interior.

Recordar que nuestras percepciones e interpretaciones están coloreadas por nuestro estado de ánimo no sólo vierte nueva luz sobre lo que llamas realidad, sino que también nos ayudará a asumir una mayor responsabilidad por nuestros pensamientos y actos. Ese estado de ánimo puede ser cambiante y transitorio y, cuando lo es, no es la verdad.

La verdad es eterna e invariable; nunca envejece; trasciende las limitaciones del tiempo y del espacio. Las preocupaciones e inquietudes de la mente ordinaria sirven casi siempre para sustentar al ego y sus ilusiones. En otras palabras, nuestros pensamientos crean, en parte, nuestra experiencia. Tanto el cielo como el infierno son semillas en la mente a la espera de que los hagamos realidad pensando.

Si la verdad interior nos interesa más que aferrarnos a alguna creencia acerca de la verdad, es sensato recordar que el ego es el embaucador supremo. Hará cualquier cosa para mantenernos absortos en sus ficciones, siempre y cuando estemos dispuestos a jugar su juego. Sin embargo, una vez que realmente nos hartamos y empezamos a cuestionar qué hay detrás de la realidad aparente de nuestra vida, entramos en un territorio totalmente nuevo; en términos espirituales, esto se conoce como «estar en el camino». Recorrer el camino es un viaje que dura toda la vida y lleva hacia dentro, hacia la armonización con la verdad interior.

Todos los humanos somos incitados por los mismos anhelos, esperanzas y miedos, y estamos íntimamente unidos como hermanos y hermanas, por encima del color de nuestra piel, nuestra afiliación espiritual o el país en que vivimos. Compartimos intrínsecamente el mismo potencial para la realización. Somos uno, igual que la verdad es una. La verdad interior de cada ser sobrevive a pesar de nuestra ignorancia, perdura más allá de nuestros actos ocasionales de inmadurez egoísta y nos sustenta la reconozcamos o no. Aceptar eso, y conmoverse ante el reflejo de la verdad en otros, es liberador.

En última instancia, la experiencia de La Verdad Interior está en nuestra actitud. No es un tema de debate, sino un conocimiento profundo que forma parte de nuestro fundamento. Si es una fuente de dudas, no lo hemos entendido en absoluto.

No demos por hecho que cualquier voz interior que podamos estar oyendo es realmente la nuestra. La mayoría de nosotros tiene toda una multitud de voces dentro, desde las de nuestros padres hasta las de nuestros compañeros de trabajo y amigos. Oír nuestra propia voz interior requiere un oído afinado con precisión, y la voluntad de descartar incluso lo que aparentemente parece un buen consejo si no surge directamente de nuestra propia experiencia. Pongamos manos a la obra como si nuestra vida dependiera de ello. En el ámbito espiritual, es así realmente.

Vivir una vida dictada, por la verdad significa vivir con confianza, sabiendo intuitivamente que cada paso del camino se vuelve claro cuando llega el momento apropiado. Confiar en el milagro del amor puede liberarnos del miedo y, a su vez, liberar también a los que nos rodean. Nuestra vida es verdaderamente dichosa ahora mismo. Aprecia el momento y permite que el tesoro se expanda a otros a través de nuestras manos abiertas.

Cuando buscamos guía, aprobación o aceptación fuera de nosotros, nos ponemos en situación de, en el mejor de los casos, estar muy confusos, o incluso en guerra con lo que sabemos que es verdad. ¿Crees que esas personas de la audiencia de los programas de la televisión en directo que aplauden y animan cuando se lo indican con carteles lo hacen sinceramente? Es hora de cerrar los ojos a todas las indicaciones externas y buscar lo que nos hace aplaudir y animar desde dentro. No es demasiado tarde para rescatarnos a nosotros mismos de ser arrastrados en todos nuestros altibajos; a menos, claro, que ésa sea nuestra idea de un buen entretenimiento.

A veces, el entendimiento que obtenemos poniéndonos en contacto con nuestra verdad interna puede llevarnos en direcciones que no habíamos anticipado. Si es un curso de acción que expanden nuestros horizontes y nos ofrece oportunidades para alcanzar una mayor comprensión, síguelo.

Como un espejo, somos capaces de reflejar simplemente lo que hay, sin juzgarlo o distorsionar las imágenes con ideas preconcebidas acerca de cómo deberían ser las cosas.

Pensar en cosas pasadas o proyectar sueños en el futuro es la manera más segura de escapar del ahora. Puede que sea hora de recordarte a ti mismo que el único viaje real es de aquí a aquí. Pongamos nuestra atención donde estén nuestros pies y esmerémonos por permanecer conectado a ellos.

Escrito facilitado por María Inés Troncoso



      LA VERDAD, EL ESCALPELO DEL ALMA

Imaginemos de nuevo que padecemos una enfermedad en la piel y que nuestras heridas están infectadas. Como queremos que la piel se nos cure, acudiremos a un médico, y éste utilizará un escalpelo para abrir las heridas. Después las limpiará, aplicará un medicamento y las mantendrá limpias hasta que se curen y dejen de provocarnos dolor.

Pues bien, para sanar el cuerpo emocional procederemos del mismo modo. Abrir y limpiar las heridas, aplicar algún medicamento y mantenerlas limpias hasta que se curen. Pero ¿cómo las abriremos? Utilizando la verdad como si se tratase de un escalpelo. Hace dos mil años uno de los grandes maestros dijo: «Y conocerás la verdad y la verdad te hará libre».

La verdad es como un escalpelo porque produce dolor al abrir las heridas y descubrir todas las mentiras. Las heridas de nuestro cuerpo emocional están cubiertas por el sistema de negación, el sistema de mentiras que hemos creado a fin de protegerlas. Ahora bien, sólo cuando miremos nuestras heridas con los ojos de la verdad, seremos finalmente capaces de sanarlas.

Empieza a practicar la verdad contigo mismo. Cuando eres sincero contigo mismo, comienzas a ver las cosas como son y no como quieres que sean. Utilicemos un ejemplo que tiene una gran carga emocional: la violación.

Digamos que alguien te violó hace diez años; es cierto que fuiste objeto de esa violación. Pero, ahora mismo, ya no es cierto. Fue un sueño, y en ese sueño, alguien abusó violentamente de ti. No lo buscaste tú. No se trató de nada personal. Por la razón que fuera, te ocurrió a ti, igual que podría haberle ocurrido a cualquier persona.

Pero ¿vas a condenarte a sufrir sexualmente el resto de tu vida por haber sido objeto de una violación? No es el violador el que te condena a hacer eso. Tú eres la víctima, y si te juzgas a ti misma y te declaras culpable, ¿cuántos años te castigarás a ti misma sin disfrutar de una de las cosas más maravillosas del mundo? En ocasiones, una violación puede destrozar la sexualidad para el resto de la vida. ¿Dónde está la justicia? Tú no eres el violador, de modo que ¿por qué tienes que sufrir el resto de tu vida por algo que no hiciste? No eres culpable de que te violaran, pero el Juez que reside en tu mente puede hacerte sufrir y vivir avergonzada durante muchos años.

Por supuesto, esta injusticia creará una profunda herida emocional infectada de veneno que bien podría necesitar unos cuantos años de terapia antes de ser liberado. Sí, es verdad que fuiste objeto de una violación, pero ya no es verdad que debas sufrir esa experiencia. Es una elección.

Este es el primer paso cuando se utiliza la verdad como si fuese un escalpelo: descubres que, ahora, en este mismo momento, la injusticia que originó la herida ya no es verdad. Quizá descubras que, lo que creíste que te había herido tan profundamente, nunca fue verdad. Y aun en el caso de que sí lo fuese, eso no significa que ahora lo continúe siendo. Cuando utilizas la verdad, abres la herida y ves la injusticia desde una nueva perspectiva.

En este mundo, la verdad es relativa; cambia sin cesar porque vivimos en un mundo de ilusiones. Lo que es verdad en este mismo instante no tiene por qué serlo más adelante. Y después, podría volver a serlo. En el infierno [emocional], la verdad también podría ser otro concepto, otra mentira capaz de ser utilizada en tu contra. Nuestro sistema de negación es tan fuerte y poderoso que se convierte en algo muy complicado. Hay verdades que están ahí para tapar mentiras, y, a la vez, también hay mentiras que tapan la verdad. Es como pelar una cebolla, la verdad se revela poco a poco hasta que, al final, abres los ojos y descubres que todas las personas que te rodean, incluido tú mismo, mienten constantemente.

Vivimos en un sueño completamente diferente. Aunque lo que yo digo sea absolutamente cierto para mí, no significa que tenga que serlo para ti. (…)Abre tus oídos, abre tu corazón y escucha. Cuando oigas que tu corazón te conduce hacia la felicidad, entonces haz una elección y mantenla. Pero no te creas a ti mismo sólo porque es algo que estás acostumbrado a decir, porque más del ochenta por ciento de las cosas que crees se basan en la mentira: no son verdad.(…)

Lo que ahora mismo es, quizá no lo sea dentro de unos pocos instantes. Lo que ahora no está bien quizá lo esté dentro de unos momentos. Todo cambia muy rápido pero, si eres consciente, podrás ver cómo acontece.(…)

Crea tu propio sueño del cielo; nadie puede hacerlo por ti. Sólo el sentido común será capaz de conducirte hacia tu propia felicidad, tu propia creación.

Todo es lo que es. No necesitas justificar lo que es verdad; no tienes que dar explicaciones.

Lo que es verdad no necesita el apoyo de nadie. Tus mentiras necesitan de tu apoyo. Necesitas crear una mentira que sostenga la primera mentira, después otra que sostenga a la última y otras más para sostener todas las mentiras juntas. Y así, al final, creas una gran estructura de mentiras, y cuando aparece la verdad, todo se desmorona. Pero es así. No es necesario que te sientas culpable por decir mentiras.

La mayoría de las mentiras en las que creemos, sencillamente se disiparán cuando dejemos de creer en ellas. Todo lo que no sea verdad no sobrevivirá al escepticismo; ahora bien, la verdad siempre sobrevivirá. Lo que es verdad es cierto, lo creas o no lo creas. Tu cuerpo está hecho de átomos. No es necesario que te lo creas. Lo creas o no lo creas, es verdad. El universo está hecho de estrellas; esto es verdad lo creas o no lo creas. Sólo lo que es verdad sobrevivirá, y esto incluye los conceptos que tienes sobre tu persona.

Hemos dicho que, de pequeños, no tuvimos la oportunidad de escoger qué creer y qué no creer. Bueno, ahora es distinto. Ahora que somos adultos tenemos el poder de hacer una elección. Podemos creer o no creer. Aunque algo no sea verdad, si decidimos creer en ello, lo creeremos porque esa será nuestra voluntad. Puedes escoger cómo quieres vivir tu vida. Y si eres sincero contigo mismo, sabrás que siempre tendrás la libertad de hacer nuevas elecciones.

Escrito por Miguel Ruíz, del Libro La Maestría del Amor


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